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Mi Nellita
13-03-2026
Hoy Dios llama a su presencia a un ser maravilloso que bendijo profundamente a nuestra familia. En esta vida recibimos muchas bendiciones, pero pocas tan grandes como haber compartido el camino contigo. Tu presencia entre nosotros fue un regalo inmenso, una luz suave que acompañó nuestros días y un abrazo constante para quienes tuvimos la dicha de llamarte hermana.
Mi amada Nellita, tú que con ternura infinita me enseñaste a dar mis primeros pasos, que alentaste mi camino cuando apenas comenzaba a entender la vida. Fuiste tú quien decidió tomar mi mano y no soltarla nunca, quien celebró cada uno de mis logros como si fueran propios, quien me engrió con ese amor sencillo y verdadero que solo nace del corazón. Siempre me recordabas lo orgullosa que estabas de mí, de quien llamabas tu hijo mayor.
Hoy tu partida me duele profundamente. Mi corazón está hecho trizas, y aun así, en medio de este dolor, sé que tu amor seguirá viviendo en cada uno de nosotros.
Hace poco pude verte. Me esperabas con esa mezcla de ansiedad y cariño, preocupada por la demora de mi viaje. Disimulabas tu propio dolor para que yo estuviera tranquilo. Hablamos mucho, como siempre… preguntando por todos, interesándote por cada detalle de la familia, especialmente por tus sobrinos, a quienes entregaste tu amor sin medida, como una madre que nunca deja de cuidar.
Fuiste valiente como pocos. Hace apenas dos meses, cuando despedíamos a papá Juanito, hiciste un esfuerzo inmenso por estar presente. Aun con tu salud frágil, nada pudo detenerte. Llegaste a tu querida tierra de Chachapoyas para despedir al patriarca de nuestra familia. Ese gesto tuyo habla de la grandeza de tu corazón.
Durante casi cuatro años la enfermedad renal y la diabetes te obligaron a alejarte de casa. Tuviste que ir a una ciudad ajena para recibir tu hemodiálisis tres veces por semana. ¡Qué lucha tan silenciosa llevaste, qué fortaleza tan admirable! Siempre con la esperanza de que ese servicio llegara a Chachapoyas y de poder volver definitivamente a tu hogar. Era un sueño sencillo, pero lleno de amor… un sueño que el destino no permitió ver cumplido.
Mi Nellita, aunque la vida te regaló tres hijos (Michael, Karol y Gisela), en la práctica fuiste madre de muchos más. Cuidaste a casi todos tus sobrinos con una ternura infinita, convirtiéndote para ellos en una segunda mamá. En tu casa nunca faltó un plato servido, una risa compartida, una mesa abierta para la familia. Allí se celebraba la vida con sencillez: con tus manos preparando delicias, con las conversaciones largas, con ese calor de hogar que solo tú sabías crear.
Hoy nos duele despedirte. Pero también sabemos que tu amor no se va: se queda en nuestra memoria, en nuestras historias, en cada gesto de generosidad que aprendimos de ti.
Mi Nellita querida, hoy vuelas libre como un ángel. Y aunque las lágrimas caigan, damos gracias a Dios por haberte tenido entre nosotros, por tu vida, por tu ejemplo, por cada abrazo, por cada palabra de aliento.
Que el Señor te reciba en su reino y te envuelva en su paz eterna.
Gracias por tu amor, por tu entrega, por haber sido luz en nuestra familia… y por haber sido, para mí, siempre y para siempre, mi amada Nellita.
Tu recuerdo vivirá eternamente en nuestros corazones.
Por: Elizalde Cruz
